La etiqueta en nuestro Dojo, Ensayo Shodan

October 19, 2017

 

 

Introducción

 

En este último tiempo, he podido hacerme consciente de que diariamente incurrimos en prácticas que trasgreden las normas de etiqueta dentro de nuestro entrenamiento-y no me excluyo de ello-, elemento que invita a la reflexión de nuestro comportamiento. A veces tenemos dudas de cómo debemos comportarnos correctamente y no siempre consultamos acerca de cómo se debe proceder.

 

Durante el tiempo que llevo de práctica, he aprendido la mayoría de las normas de etiqueta a través de la observación e imitación de la conducta de mis compañeros y compañeras aikidokas de mayor tiempo de práctica y grado, y a través de lo trasmitido por cada sensei que hemos tenido al frente.

 

En este ensayo, sólo pretendo poder escribir acerca de algunas reglas de etiqueta, para así poder tomar conciencia de algunas conductas que debiésemos reforzar día a día en la práctica, muy simples de poder aprender y trasmitir.

 

Me referiré al hakama, ya que esta vestimenta de uso característico de algunas artes marciales, entre ellas el Aikido, representa en uno de sus pliegues la cortesía dentro del comportamiento marcial. Posteriormente, presentaré algunos elementos asociados específicamente a la etiqueta en aikido, a partir de lo revisado en el libro Aikido, etiqueta y transmisión. Manual para el uso de los profesores escrito por sensei Tamura[1], para luego finalizar con conclusiones personales acerca de la etiqueta en nuestro dojo.

 

[1] Nobuyoshi Tamura (Osaka, 2 de marzo de 1933-Trets, 9 de julio de 2010), fue Shihan, 8° Dan de Aikido otorgado por el aikikai de Tokio, centro mundial de Aikido, donde estudió por muchos años bajo la dirección de O Sensei Morihei Ueshiba

 

 

 

El hakama y sus pliegues

 

El hakama, falda pantalón utilizada por los caballeros jinetes, tiene su origen en el antiguo Japón. El hakama era parte de la vestimenta tradicional de un Samurái, que inicialmente tenía un uso funcional con el objeto de proteger las piernas del roce de arbustos, del roce con el caballo u otros elementos. Posteriormente, su utilización se relaciona con un símbolo de estatus social, lo que permitía distinguir rápidamente a un samurái.

 

El hakama toma su forma actual en el Período Edo[2], utilizándose tanto por hombres como mujeres. Actualmente aún se mantiene su uso en Japón, aunque ya no de manera masiva. Son los practicantes de ciertas artes marciales quienes continúan con su uso tradicional como símbolo de posición social.  Así, en algunos dojos su utilización se reserva para quienes han alcanzado el grado de cinturón negro -shodan o primer peldaño-, y en otros, para quienes han alcanzado cierto nivel antes del grado de shodan.

 

En nuestro dojo, el uso del hakama se asocia con diferentes acontecimientos y significancias. En general, se otorga cuando el practicante alcanza el grado de 3°kyu. Sin embargo, no es de utilización exclusiva de este grado sino que además se asocia principalmente con el compromiso demostrado con el Club. Por lo tanto, tenemos compañeros/as que han obtenido el hakama antes de dicho grado, siendo entonces un reconocimiento al comportamiento demostrado.

 

Por lo tanto, el hakama resulta ser un importante símbolo, siendo incluso uno de los más preciados de alcanzar por un practicante de Aikido. Resulta ser una parte fundamental de la vestimenta de un/a aikidoka.

La utilización del hakama lleva asociada ciertos valores que rigen el comportamiento. Para O-sensei, los siete pliegues representan las virtudes del Bushido[3]:

Gi: Honor, justicia.

Jin: Benevolencia.

Rei: Cortesía, etiqueta.

Chi: Sabiduría e Inteligencia.

Shin: Sinceridad.

Chu: Lealtad.

 Koh: Piedad, devoción.

 

En la práctica del Aikido, O-sensei solicitaba que todos sus alumnos utilizaran el hakama desde un inicio. Sin embargo, como se hace referencia anteriormente, su uso ha ido variando según cada escuela.

 

El uso del hakama representa virtudes a trabajar no sólo durante la práctica, sino que también fuera de ella. Por lo tanto, además de representar un compromiso con nuestro dojo, resulta ser un símbolo al cual va asociado un determinado comportamiento.

 

Entonces tenemos por un lado la importancia de la existencia de normas dentro de un grupo social    -un dojo, por ejemplo- y las virtudes del Bushido representadas en los pliegues del hakama.

 

Cuando ingresamos a ciertos grupos, utilizamos símbolos que provocan de forma natural la sensación de pertenencia a un grupo. Lo mismo ocurre en el aikido; el hecho de vestir parte de la vestimenta  tradicional utilizada por los samuráis, permite a los aikidokas dirigirse hacia la práctica con el cuerpo y el espíritu unificados desde el principio del ejercicio (Tamura, 2007).

 

 

[2]  Período Edo: también conocido como período Tokugawa, es una división de la historia de Japón, que se extiende desde 24 de marzo de 1603 hasta 3 de mayo de 1868.

 

[3] Bushido: Literalmente, significa “El Camino del Guerrero”

 

 

 

 

Etiqueta

 

En todo grupo social existen diversas normas que definen el cómo debemos comportarnos, junto con tener la capacidad de restringir o potenciar la conducta. Por otro lado, cada quien tiene un rol que indica un comportamiento esperado dentro del grupo, rigiendo todos los aspectos de nuestra conducta, con variaciones que dependen de la sociedad en la que vivamos. Las normas facilitan el funcionamiento de los grupos de personas, de manera que, una vez aprendidas las normas de una determinada cultura o grupo social, se sabe cómo comportarse ante situaciones diferentes (Papalia & Wendkos, 2003).  Por lo tanto, las normas dictaminan nuestra manera de caminar, comer, hablar, vestir, saludar, relacionarse, etc.

 

El diccionario de la Lengua Española (2013), define etiqueta como ceremonial de los estilos, usos y costumbres que se debe guardar en las casas reales y en actos públicos solemnes. En su segunda acepción, refiere por etiqueta como ceremonia en la manera de tratarse las personas particulares o en actos de la vida privada, a diferencia de los usos de confianza o familiaridad. Por cortesía, se entiende como la demostración o acto con que se manifiesta la atención, respeto o afecto que tiene alguien a otra persona.

 

La etiqueta en aikido precisamente representa el conjunto de normas de comportamiento dentro de la práctica diaria. Si bien Rei se traduce sencillamente como saludo, engloba las nociones de educación, cortesía, jerarquía, respeto y gratitud.

 

Por lo tanto, tanto en oriente como occidente, la etiqueta otorga importancia al trato dado entre las personas de un determinado grupo social, donde resulta fundamental el uso de la formalidad y la retribución.

Reigi (la etiqueta) es la expresión del respeto mutuo en el interior de una sociedad. También se puede entender como el medio para conocer la posición propia frente al otro. Conocer nuestro sitio justo implica conocernos a nosotros mismos. Así como existe una jerarquía dentro de la familia, organización militar, iglesias o cualquier otro tipo de organización o grupo social, en el Budo[4] también ocurre la misma cosa. Tenemos al maestro, discípulo, sempai, kohai, dohai[5], altos grados, principiantes, mayores y jóvenes.

 

[4] Budo: término que engloba el conocimiento técnico de las artes marciales japonesas y un conjunto de normas éticas para sus practicantes.

 

[5] Sempai-kohai: se refiere a la fecha de comienzo y no al grado. Dohai, a los que han comenzado la práctica al mismo tiempo.

 

Todas esas relaciones funcionan al mismo tiempo. Así, la etiqueta consiste en determinar el equilibrio justo en cada caso. Para poder conservar dicho orden, hay que observar la cortesía hacia el maestro, la actitud correcta hacia los sempai y la etiqueta justa hacia los kohai y dohai (Tamura, 2007).

 

Sensei Tamura (2007) refiere que la etiqueta permite sentir la existencia de valores superiores y que resulta ser una condición sine qua non de la supervivencia de una sociedad, que con facilidad concede demasiada importancia a las técnicas, fuerza y la potencia. Cuando tales instintos combativos se rigen por la etiqueta, se crea un espacio que permite controlar las emociones. De este modo podemos controlar el “yo” de los instintos animales y orientar la energía para utilizarla en un sentido positivo.

 

Por lo tanto, la etiqueta resulta ser un valor de suma importancia, ya que rige nuestro comportamiento dentro del dojo –y más allá de éste- y define la manera de relacionarse con los otros compañeros de mayor, igual y menor grado.

 

Cuando se ingresa a un dojo, inicialmente el practicante nuevo no conoce lo que debe hacer, siendo la confusión la regla dentro de su práctica. La función del enseñante es evitar que eso ocurra. Si un principiante queda aislado, sin compañero, y se queda de pie en el borde del tatami, es la prueba de que los antiguos no han recibido una educación adecuada. No han sabido preservar la armonía entre las personas en el marco de la práctica. No han sabido prestar atención a los sentimientos del compañero. El enseñante deberá dedicarse a crear ese ambiente de trabajo para que, incluso en su ausencia, los alumnos de mayor grado o los más antiguos presten la máxima atención y actúen en esa dirección. Esta educación se lleva a cabo todos los días. Un ambiente así debe establecerse en el dojo sin que exista la necesidad de intervenir en ese sentido. Es indispensable que cada uno conozca y ponga en práctica estas bases de comportamiento. El principiante se integrará sin esfuerzo en un dojo de estas características gracias al ambiente que reina allí (Tamura, 2007).

 

Dentro de la práctica en el tatami, habitualmente se observan distintas actitudes. Nuevamente encontramos cómo la virtud de la etiqueta rige –o no rige- nuestro comportamiento. Algunos practican de manera ardua pero se niegan a entrenar con los principiantes o con quienes consideran de menor nivel. No se debe olvidar que el aikido no es sólo la vía de la unidad cuerpo-espíritu, sino que es sobre todo la vía de la unidad. Si el espíritu es detenido en su progresión, todo se detiene. El espíritu que rechaza a los demás, el espíritu que no sabe aceptar a los demás, el espíritu al que le basta sólo su propia progresión, no se puede abrir al estado de unión con el universo (Tamura, 2007).

 

Asimismo, en ningún caso se debe practicar con alguien de menor grado aplastándolo con fuerza o conocimiento a riesgo de atar en él los brotes de progreso. Los alumnos y kohai son nuestro propio espejo. Todos nuestros defectos y puntos débiles se vuelven a encontrar en sus movimientos. Por tal motivo hay que prestar mayor atención en la corrección de uno mismo. Por otro lado, los alumnos de menor grado deben aceptar los consejos de los de mayor grado con el fin de corregir la práctica y progresar (Tamura, 2007).

 

A continuación, veremos algunas reglas de etiqueta importantes de señalar, como por ejemplo el saludo, la limpieza, la disposición dentro del dojo y la actitud ante los exámenes entre otros elementos.

 

La ejecución del saludo es una muestra de educación, cortesía, jerarquía, respeto y gratitud. Existe un saludo de pie, un saludo sentado, un saludo armado y un saludo sin armas.

 

En el saludo de pie, se mira a la persona a los ojos para manifestarle el respeto que se le tiene. Se inclina el cuerpo ligeramente hacia adelante, con un movimiento del tronco para luego enderezarse. Este mismo saludo se realiza con mayor profundidad cuando se entra y sale del dojo o cuando se saluda a un sempai durante la práctica. Con aún mayor profundidad, se realiza el mismo saludo el cual sólo se reserva a ciertos emblemas y a invitados especialmente importantes (Tamura, 2007).

 

El saludo de pie con armas se realiza sosteniendo el sable en la cadera con la mano izquierda, el filo de la hoja hacia arriba y el pulgar sobre el tsuba. La empuñadura se acerca ligeramente hacia el centro. En posición de descanso, la mano derecha se deja caer en forma natural (Tamura, 2007).

 

Para saludar al altar, se camina hasta llegar frente a él con el sable en la cadera. Se cambia el sable hacia el lado derecho, recibiéndolo la mano derecha con el filo hacia abajo y tomándolo por debajo del kuri-kata. La mano izquierda vuelve a caer sobre el muslo del mismo lado y se inclina el cuerpo. Después de incorporarse, se pasa el sable por delante del cuerpo, lo recibe la mano izquierda y se vuelve a la posición inicial (Tamura, 2007).

 

Para saludar al sable existen dos maneras correctas. En la primera forma se pasa la empuñadura del sable hacia la mano derecha con el filo hacia fuera; en la segunda forma, se mantiene la empuñadura hacia la izquierda girando el filo hacia uno (Tamura, 2007). 

 

El saludo en seiza -posición sentada propia del Japón- se realiza con la columna vertical derecha, los hombros bajos, la caja torácica relajada, las manos sobre los muslos sin separar los dedos y los brazos adheridos al cuerpo. Se deja un espacio de dos puños entre las rodillas para los hombres, y un puño en el caso de las mujeres. Los dedos gordos del pie se colocan uno sobre el otro (izquierdo sobre el derecho). Los ojos permanecen abiertos. Para saludarse en seiza sin armas, se inclina el cuerpo dejando deslizar primero la mano izquierda y luego la mano derecha. Los pulgares y los índices se unen formando un triángulo. Los codos permanecen cerca de las rodillas y nos inclinamos profundamente. Al incorporarnos, lo hacemos tranquilamente empezando por la mano derecha. Este saludo se dirige al altar, al kamiza y a la katana. En este caso, las dos manos se colocan a la vez.

 

Cuando  saludamos a un profesor o persona de mayor rango, nos inclinamos primero y esperamos hasta que esa persona se haya incorporado para incorporarnos nosotros. Hay que procurar un saludo con todo el cuerpo en un solo movimiento y no realizarlo sólo con la cabeza y curvando la espalda (Tamura, 2007).

Sentarse y levantarse también tienen sus particularidades. Si estamos de pie y deseamos sentarnos en seiza, se separan y doblan ligeramente las rodillas, la mano derecha separa ligeramente los pliegues del hakama de izquierda a derecha, se apoya la rodilla derecha y luego la izquierda. Se estiran los pies, los dedos gordos del pie se posicionan uno sobre el otro, se deja caer el peso sobre los talones, y finalmente nos sentamos entre ellos. Para levantarse, desde la posición seiza, se debe elevar la cadera, se enganchan los dedos de los pies y el pie derecho se adelanta a la altura de la rodilla izquierda. Nos enderezamos con tranquilidad sin inclinarnos en ningún sentido. El pie atrasado se adelanta hasta quedar a la altura del pie anterior (Tamura, 2007). En el último  Seminario Internacional de Aikido, sensei Daniel Brunner[6] (2012) nos indica que en el caso de las mujeres, el pie derecho se adelanta hasta antes de la rodilla izquierda, recorriendo menor distancia que en el caso de los varones.

 

[6] Daniel    Brunner    Sensei (Suiza), 6° Dan  y  Shihan, comenzó a estudiar Aikido en 1962, a los 17 años.

 

Otro elemento importante dentro de la etiqueta tiene relación con la limpieza. Debemos llevar un keikogi limpio para no incomodar a los compañeros. Los trajes utilizados pueden ser los de judo, karate o kendo, siempre y cuando éstos sean de color blanco y de algodón. Son preferibles los trajes más gruesos, ya que ofrecen mayor resistencia. Las mujeres pueden añadir un lazo a la altura del pecho para evitar que se abra.

 

Es importante procurar que el revés izquierdo de la chaqueta cubra el revés derecho. Sólo a los muertos se les viste con el revés derecho cubriendo el izquierdo. Las manos y los pies deben estar limpios y las uñas deben estar cortas. Hay que despojarse de las joyas, reloj, etc. El dojo se limpiará con prolijidad. Todos deberían limpiar el dojo desde la propia iniciativa antes y después de la práctica. La limpieza es una buena práctica mental y física. La limpieza no sólo pretende purificar el exterior. Por eso es necesario limpiar una y otra vez los lugares que parecen limpios. El enseñante no debe contentarse con lograr que sus alumnos hagan la limpieza. Es deseable que su ejemplo sea un estímulo para ponerlo en práctica (Tamura, 2007). “El aikido es la limpieza del cuerpo. Hay que eliminar las impurezas del cuerpo y del alma” (O-sensei, citado en Tamura, 2007). 

 

Como se menciona anteriormente, rei también engloba jerarquía. En este sentido, es importante hacer mención a la disposición general de un dojo. Por lo general, el kamiza se encuentra al lado opuesto de la entrada del lugar, ya que el fondo de la habitación o casa tiene un rango más elevado que el de la entrada.

 

El lado izquierdo visto desde el kamiza, tiene el lado más honorífico. En base a esto, la formación se inicia desde aquel lado con el practicante de mayor grado hasta llegar al de menor grado o el practicante más nuevo (Tamura, 2007). Además de los grados, es importante tener presente la vestimenta dentro de la clase, ya que no siempre todos cuentan con keikogi. Entonces, primero se forman los practicantes con traje completo –kaikogi y hakama-, luego los que llevan sólo keikogi y finalmente quienes visten ropa de ejercicio en general.

 

Por último, la etiqueta también rige nuestro comportamiento y actitud dentro de los exámenes. El único fin de un examen de kyu o de dan en aikido, es poder medir los progresos técnicos y el nivel mental adquirido en un arte marcial en el que no existe la competición. Por lo tanto, el objetivo es poder demostrar lo aprendido durante la práctica diaria. Durante el examen, las técnicas se desencadenan con rapidez, precisión y potencia. La potencia debe expresarse sin interrupción tanto en firmeza como en resistencia. Sin miedo, sin vacilación, sin vanidad. Esta además es la actitud que se debe practicar durante el entrenamiento diario. Si se nos corrige algo durante el examen, debemos agradecer la posibilidad que se nos da para mejorar. Al aprobar un examen, lo primero que hay que hacer es agradecer a los examinadores, luego al profesor y luego a los sempais. Sólo a partir de entonces se puede compartir la alegría con los amigos. Dar las gracias es fundamental. Si bien el superar un examen se debe a nuestro esfuerzo, no podemos olvidar la ayuda recibida por nuestros profesores, sempai y compañeros de entrenamiento (Tamura, 2007). La gratitud, también es parte de rei.


 

 

 

Conclusiones

 

Como podemos ver, la etiqueta engloba diferentes elementos que van más allá de la ejecución de un saludo. Así, la etiqueta implica la manera de comportarnos dentro de la práctica diaria del aikido, donde se debe procurar el respeto y la gratitud mutua.

 

Desde mi ingreso al aikido, las reglas de cortesía las he ido incorporando poco a poco, principalmente a través de la observación del comportamiento de los demás compañeros. Esta manera de aprendizaje no sólo implica aprender el comportamiento correcto o deseable dentro del dojo, sino que también el comportamiento que se aleja de la etiqueta. Por ello, a mi parecer, resulta fundamental que todos los practicantes podamos explicitar ciertas reglas de cortesía, ya que éstas no necesariamente son conocidas por el practicante principiante y antiguo. Por lo tanto, el ejercicio de la etiqueta, al igual que el de las técnicas de aikido, nunca finaliza ya que siempre existirán aspectos diferentes a enfatizar y aprender.

 

Al parecer, olvidamos que todos alguna vez fuimos principiantes. Por ello, es deseable que cada uno de notros otorgue importancia al practicante nuevo, procurando que desde el inicio vaya incorporando no sólo los movimientos básicos del aikido, sino que también las reglas de comportamiento: cómo entrar al tatami, cómo saludar, cómo colocar el tatami, cómo limpiarlo, cómo formarse, cómo comportase dentro del tatami, el horario de llegada, formarse antes de la llegada del sensei, etc.  Para ello, los practicantes antiguos no sólo debemos explicitar con palabras tales normas de cortesía, sino que mostrar con el ejemplo. En este mismo sentido, la enseñanza y aprendizaje de las reglas de cortesía implican un compromiso con los niños y niñas que hoy se están iniciando en el aikido, ya que de esta manera podremos a temprana edad lograr que se asimilen las conductas de etiqueta esperadas dentro de la práctica.  

 

Si bien las normas de etiqueta aquí señalas son extraídas a partir del libro de sensei Nobuyoshi Tamura, existen otras normas que son importantes de mencionar, que se trasmiten a través de lo enseñado por cada sensei y practicantes más antiguos. Por ejemplo, destaco entre algunos de esos aprendizajes la actitud que se debe tomar durante el entrenamiento, procurando idealmente no “hablar de más”  o simplemente “no hablar”. Tampoco corregir constantemente sino que más bien practicar una y otra vez la técnica para que ésta se vaya puliendo naturalmente. Asimismo, es importante aceptar sin cuestionamiento las correcciones o sugerencias de nuestros senseis, sempais y grados altos. Como nos indica nuestro sensei Javier Fernández, debemos por sobre todo hacer lo que nos está mostrando el encargado de la clase, dejando ir los esquemas previos. Solemos hacer lo que habitualmente conocemos en vez de aceptar lo que se nos muestra.

 

Sin duda alguna escapa a este ensayo una innumerable cantidad de valores asociados a la etiqueta. Generar autocrítica y retroalimentación constructiva con respecto a nuestro comportamiento, ayudará a que podamos fortalecer las normas aquí descritas y asumir mayor responsabilidad la trasmisión de la etiqueta.

 

 

Pamela C. Troncoso Vega

Shodan

Birankai Chile.

Concepción, mayo 2013

 

 

Referencias bibliográficas

  • Tamura, N. 2007. Aikido, etiqueta y transmisión. Manual para el uso de los profesores. Editorial Paidotribo: Barcelona.

  • Papalia, D. y Wendkos, S. 2003. Psicología. McGraw-Hill: México.

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

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